domingo, 29 de mayo de 2011

Sobre la felicidad.

Sí, a mis 19 años tengo el atrevimiento y el descaro de hablar sobre la felicidad.

Sacando conclusiones de mi propia experiencia y extrayendo datos de las ajenas, creo entender lo que es la Felicidad por fin, no humildemente, narices, sino que afirmo que lo sé y que la gente está equivocada en cuanto al concepto. Y si alguna vez descubro que es otra cosa diferente, avergonzada borraré la entrada y volveré a actualizar, como si de la RAE se tratase. Hablemos claro.

Primero hay que distinguir entre alegría y felicidad, siendo la primera de carácter momentáneo y temporal y la segunda con efectos perdurables en el tiempo, mucho más estable.

- Alegría es el sentimiento de euforia al aprobar selectividad e ingresar en la carrera escogida.
- Alegría es ver por un día a una persona muy especial, aun sabiendo que es durante unas pocas horas.
- Alegría es, para la gente superficial y materialista como yo, haber adquirido toneladas de ropa tras haberla soñado durante meses o años dentro de mi armario. A la estética personal dedicaré otra entrada cuando tenga tiempo.

Alegría, en resumidas cuentas, es lo que produce un sentimiento fuerte positivo que dura unos momentos, horas, o como mucho, días. Lo producen cosas ciertamente insignificantes, de ahí su carácter efímero.

Sin embargo, creo que la felicidad es algo diferente. No es tenerlo todo, ni todo lo bueno (dinero, amor, aceptación social, éxito profesional) sino que se trata de necesitar menos y no buscar más. Se alterna con períodos de bajón, como se suele decir, pero quien es feliz puede sobreponerse mejor porque es más fuerte. Es estar sereno y tranquilo con uno mismo, estados que se proyectan a los demás atrayendo positividad.

Leyendo sobre el tema, di por internet con un hombre fantástico (argentino, aunque no les tenga mucha simpatía) que sostiene lo mismo que aquí digo y vengo pensando desde hace tiempo. Hay mucho que aprender de él, y como aún queda algo de romanticismo en mí, querría recordar una frase de las muchas válidas que dice:

El amor es el mero regocijo que me produce la sola existencia de la persona amada.










Espero sirvan de algo a alguien.

sábado, 28 de mayo de 2011

¿Dejo de ser yo o simplemente estoy cambiando?

Estoy cansada de ver cómo en este tiempo en el que estoy luchando conmigo misma gana la parte que menos me  ha caracterizado por completo; aquella que es más apropiada para mi estabilidad pero que requiere una continua revisión para no caer. 20% optimismo, alegría y energía; 80% negatividad, dolor, abulia y otras veces pasión. Se están invirtiendo los porcentajes.

Pese a que estoy mucho mejor, odio ver cómo mi parte blanca sale victoriosa, como si se tratara del mechón blanco de mi cabeza que crece en extensión cada vez que voy a la peluquería. Bueno, al menos sigo teniendo imaginación para metáforas y comparaciones.

Y es que tengo miedo de volver a escribir, cantarle al dolor y al amor para volver a encontrarme mal, pues eso es algo que retroalimenta mi sufrimiento. No sé qué parte de mí no funciona, si la negra o la blanca, pero la blanca está ganando y la negra, encerrada, grita por ser destapada y mostrar lo que aún tengo siempre dentro. La serenidad que siento ahora es superficial, quizás creciendo cada vez más, pero vaya, que ahora me da rabia ver cómo el poner una sonrisa falsa en la boca lo he integrado tan bien que me lo acabo creyendo. Cuando siento que me obsesiono con mi problema, doy media vuelta y cierro la puerta. Otorgo menor importancia a los detalles (¡y eso hace que esté conforme con mis fracasos académicos, eso es resignarse!)

¿Es ser madura? ¿ O es ser cobarde? Era más auténtica cuando más niña y más valiente.

QUIERO leer a Larra sintiendo sus palabras mis pensamientos, QUIERO ver películas románticas y no evitarlas como hago ahora para no sentirme mal, QUIERO volverme a sentir inspirada para materializar de forma virtual o en un papel un sentimiento que en una persona parece no funcionar muy bien y QUIERO volver a ser yo.

Sé que mi "desintoxicación" romántica (en todos los sentidos) es por mi bien, pero es quitarme mi personalidad.

Por Dios, ¡me estoy convirtiendo en alguien normal, tranquila y pacífica! ¿Dónde quedó mi impulsividad?

jueves, 5 de mayo de 2011

Cruce de caminos.


Quiero pensar que tras tanta decadencia sólo se puede subir, mejorar o cambiar a algo distinto, y desde hace mucho tiempo vengo sintiendo lo mismo. La sensación de estar en el umbral de algo nuevo, algo que me concierne a mí, como persona rayando la madurez, y que tanto esfuerzo y resistencia no traerá mañana otra cosa sino beneficios.

Comienzo a entender la expresión "hacer de tripas corazón", y tragarse muchas penas para poder ver hacia delante, sea como sea, y he aprendido a trocar lágrimas por una sonrisa fingida. Las lágrimas o el malestar con una felicidad aparente se transforman en normalidad, y aunque sea por un momento me equilibran. Lo tomaré como método, y dado que estando en soledad no es algo que tenga sentido, tendré que ponerlo a prueba delante de la gente de mi entorno, y esperar a que con el tiempo sea capaz de creerme e integrar por completo ese optimismo.

Por lo tanto en estos días venideros en los que estaré sola en casa se me plantean distintas opciones:

- Estar sola y no salir, dedicando el tiempo a mis tareas y concentrándome en mí misma, evaluando y analizando, e ir al cine, a pasear por Madrid o a un museo tranquilamente.
- Salir de fiesta, y seguir con la dinámica de estos meses atrás para perder la cabeza y abandonarme.

Ambas suponen algún esfuerzo de algún tipo: tengo miedo de quedarme sola en casa en estos momentos, porque no tengo peor enemigo que yo misma y puedo hundirme más, o puedo optar por salir y vivir la noche como si nada ocurriera y depender de sustancias que me "distraigan". Me atrae más la primera opción, sinceramente, y creo que está casi decidido. No me conviene distraerme con fiestas; puedo cometer muchas insensateces.
Supongo que será cuestión de ver cómo amanezco mañana, si es que amanezco, puesto que nunca sé si voy a dormir (ahora sí necesitaría ciertas sustancias que me indujeran al sueño, vaya).

Y para finalizar, un poema. Creo que lo he compartido en todas mis redes sociales y demás sitios donde tengo un hueco, pero a colación con el tema de la vida y hacia dónde nos lleva, me parece un buen final.

Κωνσταντίνος Πέτρου Καβάφης (Konstantínos Kaváfis). 

ÍTACA. 

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca 
debes rogar que el viaje sea largo, 
lleno de peripecias, lleno de experiencias. 
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes, 
ni la cólera del airado Poseidón. 
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta 
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita 
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo. 
Los lestrigones y los cíclopes 

y el feroz Posidón no podrán encontrarte 
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma, 
si tu alma no los conjura ante ti. 


Debes rogar que el viaje sea largo, 
que sean muchos los días de verano; 
que te vean arribar con gozo, alegremente, 
a puertos que tú antes ignorabas. 
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia, 
y comprar unas bellas mercancías: 
madreperlas, coral, ébano, y ámbar, 
y perfumes placenteros de mil clases. 
Acude a muchas ciudades del Egipto 
para aprender, y aprender de quienes saben. 
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca: 
llegar allí, he aquí tu destino. 

Mas no hagas con prisas tu camino; 
mejor será que dure muchos años, 
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla, 
rico de cuanto habrás ganado en el camino. 
No has de esperar que Ítaca te enriquezca: 
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje. 
Sin ellas, jamás habrías partido; 
mas no tiene otra cosa que ofrecerte. 
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado. 


Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia, 
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Brújula.

Una brújula siempre señala al norte. Aunque a veces lo pierda y la aguja, desorientada, se mueva como un péndulo de un lado a otro, tras un breve tiempo vuelve a marcar lo mismo, hacia el mismo lugar.

Ir al norte es el camino que se espera, que esperan todos.

 Pues bien, no sé dónde está ese camino, y el objeto de mi viaje es inexistente. Sólo yo seré capaz de verlo...cuando la desidia me deseche como compañera, dado que está visto que yo no soy capaz de desterrarla.

Resbalar el agua pura...

...e intentar cogerla con las manos, cayendo por los dedos sin poder atraparla, escapándose.

Ver con gran placer cómo te ha mojado y quedan pequeñas gotas en la piel, para deleitarse con ello siempre que el paso del tiempo te lo permita.

El tiempo es injusto y malvado; tan pronto como somos dichosos la pena nos consume. Aun así, esa sensación de cambio es la que nos hace sentirnos vivos: vivo y fresco o muerto en vida, ambos son existencia y se alejan de la nada.

lunes, 2 de mayo de 2011

Preparada para volver a enterrarme.

Hoy volví a ser idiota, por no perder la costumbre. Volví a lo de siempre, y estoy tan avergonzada como siempre. Que el hombre es un animal de costumbres viene ejemplificado en mí pero de qué manera...
No sé por qué razón, si será verdad o no. Yo puse toda mi buena intención y creo que eso es lo que cuenta. Lo que no fue no lo será nunca. ¿Por qué nos torturamos así y somos de naturaleza tan nostálgica? Es de necios amarrar un hierro incandescente cuando la piel se nos consume por la quemazón y el dolor, y se queda pegada al metal, deshaciéndonos.

Si es cierto lo que me quieren hacer creer, es esa nube negra que a algunas personas nos persigue durante toda nuestra existencia, a veces más alta, otras veces más baja, y otra vez tan profunda que es imposible desterrarla ni un momento del interior. Quien lo padece me comprende; sólo me queda sonreírle y desearle que sepa qué hacer con ello, "aprovercharlo" si se puede. Según mi buen profesor de Literatura, somos los que poseen el humor (entendido aquí como sustancia líquida núcleo de cada persona y que determina su personalidad) de la "bilis negra", responsable de toda creación artística y literaria auténtica. No es casualidad que mis publicaciones aquí coincidan con los peores días.

Por un breve tiempo salí de mi cuarto oscuro, de consumirme yo sola para conocer la vida de allá arriba. Ha sido un fracaso (según otros un éxito), no siento envidia de aquél que dice que vive y comparte. Les cedo el hueco que he usurpado por dos meses a quien lo sepa disfrutar.

Ahora toca volver a la tumba con nueva mortaja y las flores cambiadas, para volver a desgastarse, ensuciarse y marchitarse conmigo.