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sábado, 19 de febrero de 2011
Calva en 3, 2, 1...
Querido pelo, no sé a dónde te has ido y no comprendo la razón por la que tus descendientes no quieren dar señales de vida, pero es tu deber poblar mi cabeza o nos vamos todos a la mierda.
miércoles, 16 de febrero de 2011
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Tengo ganas de gritar!!!!!!!!!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡De gritar y llorar a la vez!!!!!!!!!!!!!!
Por Dios, hasta cuándo...
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡De gritar y llorar a la vez!!!!!!!!!!!!!!
Por Dios, hasta cuándo...
lunes, 7 de febrero de 2011
Despertar.
Los olores son los estímulos que con más fuerza nos traen recuerdos. Por un instante, crees haber vuelto a oler algo que llevabas tiempo sin percibir.
Por un momento, lo he olido yo, y me he trasladado a algún sitio de algún lugar muy diferente al cual me encuentro ahora.
Es un sitio tan sumamente oscuro que me noto engullida por la nada, pero huelo; huelo algo familiar y eso significa que estoy en algún sitio real porque los olores no se inventan. Creo que estoy tumbada, y me giro a la izquierda para topar con una pared que es fría, pero no es de metal...
No me veo ni las manos.
Por alguna extraña razón, me siento agobiada, sudo y estoy muy acalorada, angustiada...y al alargar mi mano hacia la derecha noto algo caliente. Quemando, más bien, y que responde a mi mano con un quejido en forma una respiración. Puede que sea la fuente de calor que me produce esa sensación de burbuja, encierro y bochorno.
Un algo, ¿un qué? Una presencia que por un momento no sé identificar porque en estas situaciones no acostumbra a acompañarme, pero que tan solo oliendo y tocando sé atribuirle identidad: para mí es un hombre de negro; EL Hombre de negro. Así le conozco yo.
Vuelvo a abrir los ojos, y ya veo algo de luz, y lo que veo es algo más diferente. El Hombre de Negro tiene matices grises y blancos; colores cuyo contraste no desentona sino que completan una imagen perfecta. Ese color es el color de la sabiduría que te ha dado el tiempo. Durante un buen rato le observo, intentando adentrarme en él y contagiarme de sus pensamientos, su blanco y su gris, su negro, y casi me atrevo a tocarle; pero siento que estoy violando un lugar que no me pertenece, y arrepentida cierro los ojos y dejo pasar el tiempo, volviendo a mis recelos, porque el Hombre de Negro a veces me crea dudas y desconfianzas. Por eso prefiero cerrar mis ojos y abandonarme.
Esta vez que vuelvo a abrir los ojos, no es para ver al Hombre de Negro sumido en la inconsciencia, sino que ha sido él quien me ha visto volver de ella. No existe sentimiento alguno equiparable a este momento.
¿Cuánto tiempo ha sido el que ha estado observándome? ¿Estaba intentando entrar en mí como lo hice yo antes? Pero es un pensamiento que tras nacer se desvanece. Da igual si lo ha hecho, da igual si lo he hecho, da igual cuánto tiempo ha pasado, y da igual qué angustia haya existido durante horas esperando este momento.
Compartir este empezar a la par es algo nuevo para mí, y en este momento me siento plena y con ello me alimentaría cien años, con este olor que ahora está en mí...
Como he dicho, el olor del Hombre de Negro no me lo he inventado, existe, aunque ya no me pertenezca. Y tan pronto como me he visto viajando con él hacia su causa de existencia me veo perdida en una luz que no soporto, esto sí es la nada y no lo soporto. No existen olores, ni negros, ni blancos ni grises sobre negros...es esta condenada NADA inolora.
Por un momento, lo he olido yo, y me he trasladado a algún sitio de algún lugar muy diferente al cual me encuentro ahora.
Es un sitio tan sumamente oscuro que me noto engullida por la nada, pero huelo; huelo algo familiar y eso significa que estoy en algún sitio real porque los olores no se inventan. Creo que estoy tumbada, y me giro a la izquierda para topar con una pared que es fría, pero no es de metal...
No me veo ni las manos.
Por alguna extraña razón, me siento agobiada, sudo y estoy muy acalorada, angustiada...y al alargar mi mano hacia la derecha noto algo caliente. Quemando, más bien, y que responde a mi mano con un quejido en forma una respiración. Puede que sea la fuente de calor que me produce esa sensación de burbuja, encierro y bochorno.
Un algo, ¿un qué? Una presencia que por un momento no sé identificar porque en estas situaciones no acostumbra a acompañarme, pero que tan solo oliendo y tocando sé atribuirle identidad: para mí es un hombre de negro; EL Hombre de negro. Así le conozco yo.
Vuelvo a abrir los ojos, y ya veo algo de luz, y lo que veo es algo más diferente. El Hombre de Negro tiene matices grises y blancos; colores cuyo contraste no desentona sino que completan una imagen perfecta. Ese color es el color de la sabiduría que te ha dado el tiempo. Durante un buen rato le observo, intentando adentrarme en él y contagiarme de sus pensamientos, su blanco y su gris, su negro, y casi me atrevo a tocarle; pero siento que estoy violando un lugar que no me pertenece, y arrepentida cierro los ojos y dejo pasar el tiempo, volviendo a mis recelos, porque el Hombre de Negro a veces me crea dudas y desconfianzas. Por eso prefiero cerrar mis ojos y abandonarme.
Esta vez que vuelvo a abrir los ojos, no es para ver al Hombre de Negro sumido en la inconsciencia, sino que ha sido él quien me ha visto volver de ella. No existe sentimiento alguno equiparable a este momento.
¿Cuánto tiempo ha sido el que ha estado observándome? ¿Estaba intentando entrar en mí como lo hice yo antes? Pero es un pensamiento que tras nacer se desvanece. Da igual si lo ha hecho, da igual si lo he hecho, da igual cuánto tiempo ha pasado, y da igual qué angustia haya existido durante horas esperando este momento.
Compartir este empezar a la par es algo nuevo para mí, y en este momento me siento plena y con ello me alimentaría cien años, con este olor que ahora está en mí...
Como he dicho, el olor del Hombre de Negro no me lo he inventado, existe, aunque ya no me pertenezca. Y tan pronto como me he visto viajando con él hacia su causa de existencia me veo perdida en una luz que no soporto, esto sí es la nada y no lo soporto. No existen olores, ni negros, ni blancos ni grises sobre negros...es esta condenada NADA inolora.
domingo, 6 de febrero de 2011
Sensaciones.
La sensación de que te fracturas, te deshaces y luego de esparces cual polvo, te mezclas con el aire y dejas de existir...no dispongo de una mejor forma de explicarlo.
"Amor constante más allá de la muerte"
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora a su afán ansioso lisonjera;
Mas no, de esotra parte, en la ribera,
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
Venas que humor a tanto fuego han dado,
Medulas que han gloriosamente ardido:
Su cuerpo dejará no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.
FRANCISCO DE QUEVEDO (1580-1645)
El primer cuarteto se refiere a la muerte, que en la mitología griega lleva al paso de la laguna Estigia en la barca de Caronte y es por eso que Quevedo dice en el segundo:
"Mas no, de esotra parte, en la ribera,
Dejará la memoria, en donde ardía"
que significa que el amor que siente no se quedará en el mundo vivo, sino que lo acompañará cruzando la muerte.
El primer verso del primer terceto se corresponde con el primero del segundo, y así sucede con el segundo y el tercero. Lo mejor de este soneto me parece, además del segundo cuarteto que he desglosado arriba, el último verso. No sé por qué, pero esa forma macabra de mezclar partes del interior del cuerpo con el amor me resulta muy curiosa...
"Amor constante más allá de la muerte"
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora a su afán ansioso lisonjera;
Mas no, de esotra parte, en la ribera,
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
Venas que humor a tanto fuego han dado,
Medulas que han gloriosamente ardido:
Su cuerpo dejará no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.
FRANCISCO DE QUEVEDO (1580-1645)
El primer cuarteto se refiere a la muerte, que en la mitología griega lleva al paso de la laguna Estigia en la barca de Caronte y es por eso que Quevedo dice en el segundo:
"Mas no, de esotra parte, en la ribera,
Dejará la memoria, en donde ardía"
que significa que el amor que siente no se quedará en el mundo vivo, sino que lo acompañará cruzando la muerte.
El primer verso del primer terceto se corresponde con el primero del segundo, y así sucede con el segundo y el tercero. Lo mejor de este soneto me parece, además del segundo cuarteto que he desglosado arriba, el último verso. No sé por qué, pero esa forma macabra de mezclar partes del interior del cuerpo con el amor me resulta muy curiosa...
sábado, 5 de febrero de 2011
La desgana me puede y el dolor me impide pensar en otra cosa.
Ahora más que nunca necesito estar plenamente concentrada en mis tareas, y ahora menos que nunca soy dueña de mí. Conozco la causa de mi abulia, causas más bien, y lamentablemente no está en mi mano cambiarlas; no cuando implican a más personas.
El problema viene de mí, va hacia la/las persona/s, y vuelve multiplicado.
Siento que estoy al borde de un precipicio enorme, perdiendo el equilibrio y que en cualquier momento me voy a resbalar con un soplo de aire. Normalmente se tiene miedo de caer y esperas y quieres que algo o alguien te motive a salir y te ayude...pero ahora lo que más me asusta es que me es absolutamente indiferente s caigo o no; casi que prefiero perderme allá abajo y no tener preocupación alguna ni ahora ni en el futuro.
Recelo de cualquiera que se acerque aquí a alejarme del borde, ¿y si hace lo contrario y me empuja? Aunque,como ya he dicho, me da igual caerme, que no sea por nadie, prefiero que sea por mí y hacerlo cuando yo quiera.
Ahora más que nunca necesito estar plenamente concentrada en mis tareas, y ahora menos que nunca soy dueña de mí. Conozco la causa de mi abulia, causas más bien, y lamentablemente no está en mi mano cambiarlas; no cuando implican a más personas.
El problema viene de mí, va hacia la/las persona/s, y vuelve multiplicado.
Siento que estoy al borde de un precipicio enorme, perdiendo el equilibrio y que en cualquier momento me voy a resbalar con un soplo de aire. Normalmente se tiene miedo de caer y esperas y quieres que algo o alguien te motive a salir y te ayude...pero ahora lo que más me asusta es que me es absolutamente indiferente s caigo o no; casi que prefiero perderme allá abajo y no tener preocupación alguna ni ahora ni en el futuro.
Recelo de cualquiera que se acerque aquí a alejarme del borde, ¿y si hace lo contrario y me empuja? Aunque,como ya he dicho, me da igual caerme, que no sea por nadie, prefiero que sea por mí y hacerlo cuando yo quiera.
Así soy yo.
Para todo aquel que me hable vía virtual e ignore, y después a la cara conteste "estaba ocupada" debería saber una cosa:
No estoy fuera de casa: no salgo nunca.
No estoy fuera de mi habitación: no hay nada que necesite más allá de mi habitación.
No estaba hablando por teléfono: nadie me llama ni yo llamo a nadie.
¿Entonces?
Simplemente estoy ocupada conmigo misma. No siempre estoy preparada para hablar, y me abruman las personas que hablan mucho. No tengo nada que contarte. "¿Qué es de tí?": nada, lo mismo de siempre. Yo sola y mis pensamientos. Yo sola y mis libros.
No necesito nada más.
No es egocentrismo, no me quiero tanto como para hablar conmigo misma ni desprecio a los demás.
Así que llámame borde. En tu sociedad se conoce como eso. Yo tan sólo me considero "completa" como para necesitar a nadie
No estoy fuera de casa: no salgo nunca.
No estoy fuera de mi habitación: no hay nada que necesite más allá de mi habitación.
No estaba hablando por teléfono: nadie me llama ni yo llamo a nadie.
¿Entonces?
Simplemente estoy ocupada conmigo misma. No siempre estoy preparada para hablar, y me abruman las personas que hablan mucho. No tengo nada que contarte. "¿Qué es de tí?": nada, lo mismo de siempre. Yo sola y mis pensamientos. Yo sola y mis libros.
No necesito nada más.
No es egocentrismo, no me quiero tanto como para hablar conmigo misma ni desprecio a los demás.
Así que llámame borde. En tu sociedad se conoce como eso. Yo tan sólo me considero "completa" como para necesitar a nadie
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